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22 jun. 2011

El llanto cortado

            Vuelve a doler ahora como herida siempre recién abierta, como si fuera la constante de todas las temporadas; como si hubieras vuelto a escaparte como todas esas primeras mañanas de ausencia.
        Las armas son las de siempre: el cielo nublado sin llover (o sólo el cielo), las canciones, los fantasmas, el perfume en mi almohada, los apuntes, la alquimia, tu lecho y los pecados y virtudes en la punta de la lengua, los poemas, las cartas, las fotos, las sonrisas, y las cosas que no tienen nada que ver. La mitad de mi vida dada en intercambio, intercambio más inocente que equivalente, a ver si te obtenía.
        El resultado es el único que corresponde, me estoy evaporando en mi cama; escribiendo y buscándote con este mal ardor como única pista. La ventana está cerrada y el dormitorio en medias penumbras; este escrito, seguro con sabor a nunca terminado; el teclado de la computadora todo mojado y yo sin poder fingir ante los carteles y la música de fondo.
         

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