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2 jul. 2011

Mientras los colores cambian

¿Creerías que estoy loca si en el impulso de cortar el silencio empiezo a decir insensateces? ¿O también has notado que, aunque parezca extraño, todo en este cuarto es irreal? Nuestro sudor, lo que digamos, tu aliento, el ruido de los autos invadiendo, las sábanas revueltas, la biblioteca y las ventanas. No podría aburrirme en mucho tiempo, pues todo se transforma en todo momento. Siempre estoy descubriendo. A veces es una sensación nueva que traen tus dientes, a veces es una palabra que se te resbala por los labios. En ocasiones es pensar que todo es un juego que podríamos tomar muy en serio. Por horas respiro el alivio de pensar que no vamos a ningún lado, de creer que no perdemos; a veces da rabia no quedarse esperando hasta que se pueda avanzar, hasta recibir un premio. Causa gracia pararse a jugar a los espejos y disponerse a jurarle al resto de la semana que no pasa nada. No hay problema, si reímos es porque en la oscuridad parcial no llegamos a oír nada. Nos daremos por unos minutos la espalda para fingir que estamos ausentes, pensar estupideces y volveremos a juntarnos para no hacer nada. Es seguro que sufrimos con las dudas sentadas en la falda. Pero sabemos con una certeza espeluznante que nos gusta andar corriendo mientras los colores cambian.

22 jun. 2011

El llanto cortado

            Vuelve a doler ahora como herida siempre recién abierta, como si fuera la constante de todas las temporadas; como si hubieras vuelto a escaparte como todas esas primeras mañanas de ausencia.
        Las armas son las de siempre: el cielo nublado sin llover (o sólo el cielo), las canciones, los fantasmas, el perfume en mi almohada, los apuntes, la alquimia, tu lecho y los pecados y virtudes en la punta de la lengua, los poemas, las cartas, las fotos, las sonrisas, y las cosas que no tienen nada que ver. La mitad de mi vida dada en intercambio, intercambio más inocente que equivalente, a ver si te obtenía.
        El resultado es el único que corresponde, me estoy evaporando en mi cama; escribiendo y buscándote con este mal ardor como única pista. La ventana está cerrada y el dormitorio en medias penumbras; este escrito, seguro con sabor a nunca terminado; el teclado de la computadora todo mojado y yo sin poder fingir ante los carteles y la música de fondo.