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18 feb. 2015

--sin título hasta nuevo aviso--

    No voy a guardar la expresión de tu cara cuando ves algún Dios.

  Pondré a prueba todos tus cuentos; no dejaré que caiga sobre ellos ni uno de mis cabellos. Voy a creer que todo es mentira.

   Voy a nombrar a todos mis amores y amantes. Inventaré un par.

  Voy a ocultar que te encontré en una risa o en la mismísima punta de mis dedos.

   No escucharás ni la mitad de mis pensamientos.

   Dejaré las mejores trampas para otros juegos. No te enseñaré trucos nuevos.

  No matarás ni un dragón por mí. Voy a sostener fuerte mi estrella, me salvaré a mí misma. Mi necesidad de vos será tan distinta de las acotumbradas, que nunca la vas a satisfacer.

  Mis ojos van a conocer y reconocer cada lugar al que pueda escapar. Los tuyos también.

  Voy a preferir el sabor del tabaco y el alcohol. Cuando los odie...

  No me quedaré viendo como te alejas hasta perderte, ni dudaré al hacer girar la llave para encerrar mis impulsos.

  Me voy a repetir que todo es ilusión, y que ilusión es el tormento.

  Tendré todo escrito, así, para no olvidar mi misión.

  Voy a hacer un montón de cosas. Lo que sea con tal de creerme que logré esquivar tu gualicho.

16 feb. 2015

Soldado que huye de la guerra.

Me cuido de vos, porque sé que cuando jugamos hacemos trampa. Avanzo y retrocedo, reformulando la estrategia y decidiendo que hacer con vos -de mí- en cada momento. Te quiero, te extraño, te amo, en manos del enemigo son una ventaja. No les daré libertad facilmente, tal vez porque esas palabras-alarma serían la señal para escapar.

Me hundo en lo que deseo: llegar a vos un día, con las heridas del mundo, y encontrar en tu voz y tus cuentos un descanso. Caigo queriendo un beso que me dé el alivio del indio hambriento que descubre a su disposición el monte y el río.

En la boca guardás un arma blanca. No me matás, así que me cuido de vos. No la escondes, ni quiero que lo hagas. Tenés un arma. Algo tiembla cuando mostrás los dientes.