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27 jun. 2014

El vaso medio vacío

  No importa cuantas veces cambie el color de las paredes, el techo, los azulejos, las paredes en si.
 
  ¿Serán las cortinas y el colchón que siempre son los mismos?
  ¿Seré yo que cambio tanto? Pero no, no puedo cambiar lo que no tengo. No puedo frenar ese resquebrajarse del cuerpo con el tiempo. No puedo dejar de llorar cuando pasa el aire por este hueco que siempre va a ser un espacio muerto.Y todo este espacio está tan fuera de mi alcance, tan dentro de mí, que aunque todo me impacte mil veces, y aunque haga el agua correr, no lo puedo limpiar.

  Es el calendario con los días que no puedo borrar. Son las horas peores cuando recuerdo y me sobran las esperanzas de verte después; me sobran los santos, las flores, el remolino en el estómago. La ventana y mirar a la vereda de la Alvarado 6XX. Me sobra salvarme el sábado después. Me sobran tus ojos cerrados.

  Me acuerdo también de las plumas, la gaseosa a medias, el beso. Y tu pregunta y mi "mejor no". La madre a medias también, mal repartida: vos te llevaste la alegría. Vos, vos, tan construido sobre arena ficticia, sostenido hasta el final sobre el terreno sin conocer. Yo, acumulando un abrazo fuerte, aprendiendo que una no sabe si llegó a decir todo con los ojos; yo pensando que se ama con la verdad, todavía hoy. La distancia entre los dos y la sidra en la heladera al divino botón.

  Me falta que los dos sepan lo que nunca se van a enterar: que sus manos inmóviles, sus párpados clausurados y su cara en technicolor, a veces me impulsan, y otras veces me joden la mitad de la existencia.

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